Emili y su Gatita

Había una vez, en un pueblecito de Málaga, una niñita llamada Emily.

Emily era muy pero que muy especial. La natalidad en aquel pueblo era muy baja y sólo tenía dos niños pequeños. Emily y su hermano, José. A parte de eso, Emily, de sólo seis años de edad era mucho más organizada, ordenada y responsable que su hermano mayor, de ocho años. Donde la pequeña demostraba más su responsabilidad era en el cuidado de su gatita, Marie.
Marie era una pequeña gata de raza persa de a penas seis meses de vida. De pelo color negro azabache, largo y sedoso. La pequeña Emily la encontró sola en la calle en un día de lluvia. Entonces decidió adoptarla. 
Desde entonces, todas las mañanas, Emily se levanta muy temprano para dar de desayunar, bañar, peinar y cuidar a la pequeña Marie. 

Sonó el despertador.

Eran las siete de la mañana. Hora de dar el desayuno a Marie. A pesar de que estaba de vacaciones la pequeña Emily seguía siendo muy responsable a pesar de su corta edad. Ella seguía con su rutina diaria. 
Ya con el desayuno de la pequeña felina en mano subió las escaleras hasta su habitación y la llamó. 

– Marie, ven. Es la hora de tu desayuno – Dijo la pequeña, adormilada – ¿Marie? –
La gatita no salió. 
– ¿Marie? – Guardó silencio – Marie, sal. Es la hora de desayunar, holgazana. –

Obtuvo otro silencio como respuesta. Entonces decidió acercarse a la canastita de Marie y destaparla. Seguramente no la escuchaba porque estaba profundamente dormida. 
Emily agarró la manta con fuerza y destapó la canasta de un tirón.
Pero no había nada. Estaba vacía.
Nada en esa cesta en la cual debería haber una pequeña gata persa.
Nada.
La pequeña, preocupada, comenzó a buscar a la gatita por toda la casa. Al cabo de un rato desistió. Había mirado en todas las habitaciones, en toda la casa.
No estaba en ninguna parte.
Había desaparecido.
Entonces decidió volver a la habitación. Corrió y corrió, estaba asustada, sus lágrimas caían por su tersa piel de niña. 
Paró en seco al llegar a la puerta de su habitación.
La ventana estaba abierta, eso la preocupó aún más. Bajó las escaleras de la casa corriendo como alma que lleva el diablo. Abrió la puerta de la casa de golpe y salió fuera…

Gritó…
… Lloró…
… Desesperó… 

Muchos sentimientos a la vez para esa pequeña niña.
– ¡¡Marie!! ¡¡Marie, sal, tengo tu desayuno!! –

La pequeña Emily gritaba mientras recorría las calles más cercanas a su casa. No la encontraba. Entonces decidió alejarse un poco más y buscarla en los callejones que siempre estaban llenos de gatos. 

– ¿Dónde vas tan temprano, Emily? – Dijo el viejo Sebastián cuando vio a la pequeña en la calle. 
– Busco a mi gatita… a Marie… – Le contestó muy preocupada con lágrimas en los ojos.
– ¿Y no te acompaña ni tu madre ni tu hermano? – Preguntó el anciano Sebastián.

Emily no contestó, tan solo asintió con la cabeza, desesperanzada. Estaba tan preocupada por su gatita que acto seguido se marchó y se fue tan rápido como pudo. La pequeña se desesperaba más y más al no encontrar a Marie. 
Emily llegó al callejón de los gatos. Pero Marie no estaba ahí. No estaba por ninguna parte.
La pequeña empezó a respirar mucho más fuerte, su cara expresaba una mueca de pánico y de sus ojos brotaron aún más lágrimas que antes. Se sentó en el suelo y se llevó las manos a la cara, y los apenados gritos de la niña llamando a su gata se escucharon por todo el pueblo. 

– ¡MARIE! ¡MARIE! – 
Sonaba por todo el pueblo.

Le costó mucho calmarse. Marie era su única amiga. La única y la mejor amiga que había podido tener. Emily se levantó y siguió buscando, recorriendo todas las calles sin encontrarla. La gente miraba a la niña pero cuando preguntaban ella se limitaba a mirarles con una expresión triste en su rostro y marcharse sin mediar palabra. 
Se había pasado la mañana buscando a la gatita… pero sin éxito. Muy triste decidió volver a casa. No le había dicho a su madre que había salido a la calle sola, para no preocuparla. Aceleró el paso para llegar antes a casa y comprobar que Marie estaba en su canastita, bajo su mantita. 
Para así despertar de esa horrible pesadilla.
Antes abrir la puerta de la casa se fijó en que había un papel doblado y pegado. Lo arrancó y lo desdobló. La niña empalideció, perdió la fuerza y cayó al suelo de rodillas. Leyó otra vez la nota.

– Tu gatita está en el descampado. Búscala si quieres recuperarla. – 

Emily se asustó muchísimo al leer aquello, ahora sabía que la gatita no se había ido sola. La habían secuestrado. Su madre le tenía terminantemente prohibido ir a aquel descampado, pero pensó que no podía hacer otra cosa. Si no iba Marie moriría y si iba…
… Cualquier cosa era mejor que tener a Marie muerta…
La pequeña salió corriendo lo más rápido que pudo, lo más rápido que sus pequeñas piernas daban de sí. Después de un buen rato corriendo, cogiendo todos los atajos que conocía, consiguió llegar al descampado. 
Desesperada empezó a buscar a la gatita por todos los posibles lugares. Pero no estaba por ningún lado. Emily rompió a llorar desesperadamente de nuevo, y, entre llanto y llanto gritaba el nombre de Marie. Pensaba que le habían mentido, que todo era una broma pesada de su hermano o una simple pero escalofriante pesadilla. 
De pronto sonó algo. Era un débil maullido, eso alertó a Emily, que dejó de llorar repentinamente. Podía escucharlo, podía sentirlo, Marie estaba ahí. No sabía dónde pero ahí estaba. 
La niña corrió todo el descampado… otra vez. Llamaba a Marie, afinando el oído para poder escucharla, para poder saber dónde estaba ella y poder rescatarla. 
– Miau… –
Sonó de una débil forma.
Emily se percató que, de donde salía el maullido era un montículo de tierra. La había encontrado. La situación era desesperante, el sudor era frío, las piernas le temblaban, su corazón palpitaba como un caballo desbocado… tenía que sacar a su pequeña amiga de ahí. 
Rápidamente se acercó al montículo, pero… 
… nada mas poner un pie cayó…
Cayó dentro de un agujero que estaba sutilmente tapado con un cartón y mucha arena. Dentro de ese agujero había una barra de hierro que salía del suelo. 
Emily cayó y esa barra comenzó a entrarle por la vagina. 
Gritó y lloró.
Notaba la sangre caliente fluir por sus pequeñas piernas. 
Notaba como su piel se iba desgarrando poco a poco.
Notaba como su corta vida se iba apagando poco a poco.
Luchó.
Luchó por salir y sobrevivir con esas heridas.
Poco a poco la barra se hacía camino a través del pequeño cuerpo de la niña. Emily intentaba agarrarse a algo, a cualquier cosa que le sirviese para salir de ese agujero…
… pero todo a su alrededor era arena…
… todo era inútil…
Nada servía. Todo lo que agarraba se deshacía y por más que intentaba agarrarse se resbalaba. 

La barra seguía deslizándose.
La piel, los músculos y las entrañas de Emily estaban destrozados. 
El metal oxidado y ensangrentado asomaba por el vientre de la niña.
El cuerpo de la pequeña llegó al límite.
Emily tocó el suelo.

Marie estaba ahí, no dejaba de maullar y lamer a su ama. La niña lloraba, trataba de gritar… pero no podía… el dolor se lo impedía. Era insoportable. No podía decir nada, tan solo gemir de dolor, de agonía. 
Poco a poco la muerte abrazaba a Emily.
Dolorosa y agónicamente la pequeña iba perdiendo la conciencia, mientras tanto Marie, su gata y su amiga del alma iba comiéndose las entrañas de la pequeña Emily. 
Eso hacía que sus últimos minutos fuesen agónicos.
El poco momento que le quedaba era un auténtico infierno.
Los pequeños mordiscos de Marie eran como miles de agujas entrándole por todos lados al mismo tiempo. No quería sentir dolor, no quería seguir así.
Quería morir ya.

Tres días…
Tres días fue lo que tardaron en encontrar a la pequeña niña de cabellos castaños y ojos de color de la miel.
Tres días… 
Sufrió la familia y el pueblo entero.
Tres días esperaron para ver la horrible escena.

Encontraron el cuerpo sin vida de Emily. 
El hedor era repulsivo. 
La piel parecía cuero a causa del caluroso verano.
El cuerpo estaba empalado en la barra de metal oxidada. 
Las entrañas estaban fuera…

… Y Marie seguía alimentándose de su dueña…

Espero os haya gustado, esta historia es solo un pequeño ejercicio que hice algún tiempo atrás.

 

 

 
Emily y su gatita
CC by-nc-nd 4.0
pablo jose postigo ortiz

cc-by-nc-nd

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s